Si llevas a tu hijo a la guardería, es probable que un día haya regresado a casa con una mordida en su cuerpo o que lo hayas sorprendido mordiéndote. Morder durante la primera infancia es bastante común; especialmente se observa con frecuencia alrededor de los 18 meses. Ayudar a los padres a que dejen este comportamiento lo antes posible es vital, ya que este hábito puede causar muchos conflictos en casa, en la guardería y con otros niños.
Los niños pequeños disfrutan explorar las cosas con la boca porque es una forma de descubrir su entorno. Para ellos, explorar con la boca es una manera de reconocer texturas, temperaturas y sensaciones y es una fuente de alivio cuando sus encías están incómodas durante la dentición.
Sin embargo, para algunos niños morder se convierte en una forma temporal de comunicación. Los niños no muerden con mala intención a esta edad. Aún no tienen las habilidades lingüísticas necesarias para expresar lo que sienten y utilizan la mordida para mostrar sus intensas emociones; a menudo en momentos de frustración, sobrecarga, celos, ansiedad o aburrimiento.
Las situaciones en las que los niños muerden son bastante variadas. Algunos niños solo muerden en casa porque este es un entorno seguro donde pueden expresar sus emociones con menos filtros. Otros prefieren morder en entornos de juego con otros niños, donde hay demasiados estímulos y conflictos relacionados con juguetes o turnos. Un niño que asiste a la guardería puede morder con frecuencia o recibir mordidas de otros niños; este comportamiento es muy común en los grupos de edad más temprana.
¿Por Qué Mueren los Niños Pequeños?
Antes de intentar corregir el comportamiento, es muy importante entender lo que hay detrás de las mordidas. Morder es una parte normal del desarrollo en los primeros años, pero las razones pueden variar mucho de un niño a otro.
Exploración Sensorial y Etapa Oral
En los primeros años, los niños pasan por una etapa en la que exploran el mundo con la boca. Morder, chupar y llevar objetos a la boca es una forma de explorar el entorno y disfrutar sensorialmente. En esta etapa, incluso pueden morder para mostrar amor hacia alguien, ya que aún no comprenden que presionar con los dientes puede dañar a otros.
Incomodidad Física y Dentición
La salida de los dientes causa incomodidad, picazón y presión en las encías. Muchos niños pequeños encuentran alivio mordiendo objetos, ropa o incluso a las personas cercanas. En estos casos, morder está estrechamente relacionado con la incomodidad física y la necesidad de aliviar la tensión en sus bocas.
Incapacidad Lingüística y Dificultades de Comunicación
Una de las razones más comunes por las que los niños muerden es que aún no tienen habilidades lingüísticas suficientemente desarrolladas. Cuando no pueden decir "estoy enojado", "no quiero" o "es mío", usar su cuerpo para morder se convierte en una forma rápida de comunicar sus frustraciones o enfados. Esta falta de lenguaje emocional permite que morder funcione como un mensaje poderoso que los demás entienden de inmediato.
Frustración, Celos y Necesidad de Atención
Muchos niños muerden cuando se sienten ignorados, excluidos o celosos; por ejemplo, cuando llega un nuevo hermano o cuando un adulto presta demasiada atención a otro niño. También pueden morder cuando se frustran al no poder compartir un juguete, al perder un turno o al no conseguir lo que quieren. En estos casos, morder puede ser una forma de llamar la atención o de proteger lo que tienen.
Sobreestimulación, Fatiga y Estrés
La sobreexcitación es una causa muy común de mordeduras. Cuando un niño está muy cansado, hambriento, expuesto a mucho ruido, rodeado de muchos niños o enfrenta demasiada actividad, su capacidad de autodisciplina disminuye. El cerebro del niño aún no está maduro, especialmente en las áreas que ayudan a regular los impulsos y las emociones. Por lo tanto, en situaciones tan intensas, algunos niños recurren a morder para liberar la tensión o establecer límites en lo que les resulta abrumador.
Imitación y Experiencia Social
En algunos casos, los niños pueden morder porque han visto a otros morder o porque en casa juegan a "comer besando" o a juegos de cosquillas con la boca, y no lo hacen con mala intención, sino que repiten lo que han observado. Además, puede ser una forma de probar su poder: muerden y observan qué reacciones provocan en los demás, lo que refuerza o debilita su comportamiento según la respuesta que reciben.
Cuando se muerde: ¿Cómo reaccionar sin gritar ni castigar?
Los niños muerden para expresarse, por lo que lo primero que hay que hacer es aceptar esto. Comprender que la mordida es un indicio de algo interno ayuda a reaccionar de manera más tranquila y efectiva. Luego, debemos encontrar soluciones para resolver el problema sin gritarle al niño o castigarle. Él es muy pequeño y solo está tratando de comunicarse o mostrar sus emociones; gritarle o castigarle solo le hará sentir más frustración y aprenderá que no es seguro expresar sus emociones.
También es importante recordar que morder suele ser una fase temporal. En lugar de "eliminar" drásticamente el hábito del niño, los padres y adultos de referencia deben saber cómo actuar en cada ocasión para que, con el tiempo, el niño pueda aprender otras formas de expresarse. Si su hijo muerde, hay formas efectivas de lidiar con este comportamiento y puede ayudar a que todo mejore.
¿Qué hacer en el momento de la mordida?
Cuando ocurre una mordida, la reacción del adulto debe ser rápida pero tranquila. Idealmente, es mejor separar al niño que muerde suavemente, sin gritar ni hacer movimientos bruscos, y establecer un límite claro con una frase corta y directa como "No se muerde, morder duele". Mirar a los ojos con seriedad pero con una expresión tranquila le ayudará a entender que ha cruzado un límite importante.
Primero, hay que pensar en el niño que ha sido mordido. Si un niño ha mordido a otro, acérquese primero a la víctima: consuélela, limpie su herida si es necesario y muéstrele empatía por su dolor. Esto le enseña al niño agresor que su acción tiene consecuencias reales y facilita que se ponga en el lugar del otro. Evite prestar demasiada atención al niño que muerde; el interés excesivo puede convertir la mordida en un medio para obtener lo que quiere.
Luego, retire al niño que muerde de la situación de manera tranquila y déjele un breve momento para que se recupere. No es necesario un castigo largo; un breve descanso es suficiente. Después, con una voz firme y tranquila, dígale al niño que muerde "No se muerde porque duele" y, si es posible, añada palabras a lo que siente: "Te enojaste porque ese juguete es tuyo".
Nunca muerda a un niño "para que sienta lo que hizo", ya que esto es ineficaz y es una forma de agresión. El niño aprenderá que morder está bien, y esto puede convertirse de un hábito temporal en un comportamiento realmente agresivo y aprendido. Además, no se recomienda gritar, burlarse o etiquetar al niño como "malo" o "agresivo"; estas etiquetas dañan su autoestima y no le enseñan qué hacer en lugar de morder.
Estrategias para Prevenir Mordidas
Si desea prevenir las mordidas futuras de su hijo hacia otros niños o adultos, hay varias estrategias que puede aplicar en casa y compartir en la guardería. La clave está en combinar límites claros con fuertes lazos emocionales, ofrecer alternativas y apoyar al niño en su proceso de aprendizaje.
Sea un Buen Ejemplo
Aunque sea una verdad evidente, como padre debe ser el mejor ejemplo para su hijo. Lo que usted hace o cómo actúa es lo que él observa y repite en su vida diaria. En este contexto, nunca debe morder a su hijo ni usar la violencia física como respuesta. Él no entenderá por qué lo hace, solo comprenderá que le está haciendo daño. Si la persona más importante en su vida, con quien tiene el lazo más fuerte y estable, le hace daño, esto puede afectar su seguridad emocional y confianza.
Fomente el Lenguaje y las Emociones
Aunque aún no tenga buenas habilidades lingüísticas, probablemente pueda decir algunas palabras, por lo que puede animarle a usar palabras simples cuando se sienta enojado o frustrado. Dígale a su pequeño -y insista, porque necesitará escuchar el mismo mensaje muchas veces- que cuando esté enojado o algo le moleste, puede decir cosas como "no quiero" o "no me gusta" en lugar de morder. Así, los demás podrán entender mejor lo que siente.
Además de estas expresiones básicas, también es muy útil enseñarle frases como "estoy enojado", "estoy triste", "ayúdame" o "esto es mío". Para ayudar al niño a identificar lo que siente y aprender a expresarlo en voz alta, puede usar historias, dibujos de emociones o juegos de rol con marionetas. Cuanto más lenguaje tenga, menor será la necesidad de usar su cuerpo.
Considere las Necesidades de Sus Hijos
En muchas ocasiones, los niños muerden cuando se sienten muy cansados, irritados o hambrientos. La sobreestimulación, los cambios en la rutina, la falta de sueño o un ambiente muy ruidoso son factores que aumentan la probabilidad de que un niño muerda. Por lo tanto, es importante que establezca estrategias calmantes y horarios relativamente predecibles para su hijo y se asegure de que esté bien descansado. De este modo, se reduce la probabilidad de que use sus dientes como una salida.
Observe en qué momentos del día es más probable que muerda: antes de las comidas, al final de la tarde, cuando hay muchos niños juntos, cuando está enfermo, etc. Identificar estos patrones le ayudará a tomar precauciones con anticipación y ofrecer apoyo adicional en momentos críticos, reduciendo así el riesgo de mordidas.
Ofrezca una Alternativa Segura para Morder
Su hijo necesita tener una alternativa para morder, como un anillo de dentición, un juguete de silicona, una pelota suave o un objeto sensorial diseñado para ello. Con recordatorios suaves, puede comenzar a morder el anillo de dentición en lugar de morder el cuerpo de su compañero de juego, de sus padres, primos o cualquier persona que esté cerca.
Estos objetos de "mordida" son especialmente útiles para los niños que muerden debido a necesidades sensoriales o dentición. Puede decirles "si quieres morder, usa esto" y asegurarse de que esté disponible en momentos de juego o en entornos donde se presente el comportamiento. Así, no solo establece un límite, sino que también ofrece una alternativa concreta y aceptable.
Investigue los Desencadenantes de Morder
También es muy importante considerar los desencadenantes que pueden llevar a sus hijos a morder a otros. Por ejemplo, si nota que su hijo muerde cuando le quitan su juguete favorito, puede tener dos juguetes similares y ofrecerle otra opción en esa situación. Al decir "ahora él está jugando, luego tú", puede ayudarle a aprender a esperar su turno.
Si morder se convierte en un comportamiento crónico o sucede con mucha frecuencia, las razones pueden no ser siempre tan evidentes. En estos casos, puede ser útil hacer observaciones más detalladas: cuándo muerde, con quién, qué sucedió justo antes, cuál fue la reacción del adulto, si el entorno era especialmente ruidoso o tenso, etc. Estas observaciones proporcionarán pistas sobre si está buscando atención, se siente inseguro, está sobreestimulado o si hay un cambio importante en su vida (destete, mudanza, nacimiento de un hermano, cambios en la escuela, etc.).
Si su hijo muerde repetidamente pero no sabe cuáles podrían ser los desencadenantes, puede comenzar a usar recompensas por buen comportamiento, reforzando cada vez que resuelve un conflicto sin morder (“Me gustó que dijeras 'no quiero' en lugar de morder”). Aún así, sería bueno que haga examinar a su hijo, para que pueda verificar que todo esté bien. Por ejemplo, si su hijo está tomando un medicamento específico, esto podría hacer que esté más irritable y tal vez un cambio de medicamento sea suficiente.
Además, un niño que muerde puede estar estresado por dejar el biberón, la llegada de un nuevo hermano, cambios en la rutina, dificultades para dormir o cualquier otro asunto vital. Para poder encontrar el desencadenante que provoca que su hijo muerda, es necesario prestar atención especial a su mundo emocional y, una vez que lo encuentre, será mucho más fácil ofrecerle herramientas alternativas y apoyarlo.
Ayuda de la Neuropsicología Infantil y la Gestión Respetuosa
En la neuropsicología infantil, se sabe que los cerebros de los niños pequeños están en una etapa de desarrollo completo y que las áreas relacionadas con la empatía, el autocontrol y la regulación emocional maduran muy lentamente. Por lo tanto, muchos comportamientos impulsivos, como morder, no son un desafío o una mala intención, sino un reflejo de un cerebro inmaduro que aún no sabe manejar emociones intensas.
A una edad temprana, el niño actúa más a través del "cerebro emocional" (amígdala); esto significa que, en momentos de desbordamiento, no puede pensar antes de actuar. Necesita adultos que le enseñen a controlar sus emociones, establecer límites de manera tranquila y gestionar lo que siente.
En este contexto, validar las emociones pero no validar el comportamiento es muy útil. Puede decirle: "Entiendo que estás enojado, pero morder no está bien; morder hace daño. Busquemos otra manera". El mensaje que recibe es que sentir ira es aceptable, pero hacer daño con los dientes no lo es. Así, poco a poco, aprenderá que hay maneras aceptables de expresar su enojo.
Es esencial corregir de manera calmada y firme. El niño "copia" el estado emocional del adulto: si el adulto grita, pierde el control o castiga de manera desproporcionada, la actividad de la amígdala del niño aumenta y la probabilidad de que reaccione de manera impulsiva se incrementa. Sin embargo, cuando el adulto mantiene la calma y establece un límite claro, el niño se siente seguro y guiado, lo que facilita el aprendizaje.
Otra estrategia poderosa es enseñar activamente herramientas emocionales: identificar lo que siente a través de dibujos, cuentos o juegos, practicar expresiones simples como "no me gusta", "para" o "por favor, dame eso", y ofrecer alternativas para liberar la tensión, como apretar una almohada, apretar una pelota suave o respirar profundamente juntos. Prever las situaciones en las que el niño tiende a morder y recordarle: "Si algo no te gusta, ven a decírmelo, no uses tus dientes" puede reducir significativamente los incidentes de mordeduras.
¿Cuándo Pedir Ayuda Profesional?
En la mayoría de los casos, la fase de morder es temporal y mejora con apoyo, límites claros y crecimiento desarrollo. Sin embargo, si observa lo siguiente, puede ser útil consultar a un profesional (pediatra, psicólogo infantil o terapeuta ocupacional):
- Las mordeduras son muy frecuentes y no disminuyen a pesar de que haya estado aplicando estrategias durante un tiempo.
- Su hijo parece extremadamente irritable o inestable en muchas áreas (sueño, alimentación, juego…).
- Si hay sospechas de dificultades de desarrollo, problemas de lenguaje o problemas de procesamiento sensorial.
- El comportamiento de morder causa un gran rechazo a su alrededor y afecta su integración en la guardería o con otros niños.
Un profesional puede ayudarle a entender mejor lo que está sucediendo, evaluar si hay un factor médico, neurológico o emocional, y ofrecer estrategias más específicas que se adapten a su hijo y su familia.
Acompañar a un niño que muerde puede ser agotador y puede hacerte sentir culpa o vergüenza, pero cada mordisco también es una oportunidad para enseñarle algo fundamental: que sus emociones son válidas, que puede expresarlas sin hacer daño y que siempre hay adultos que establecen límites con amor y determinación. Con paciencia, consistencia y comprensión de cómo funciona su cerebro en desarrollo, el comportamiento de morder quedará atrás y se abrirán paso a formas de comunicación más maduras y respetuosas.
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