En la infancia, a veces aparecen trastornos motores que afectan el movimiento de los niños y su relación con el entorno. Estos problemas pueden influir en la capacidad de movimiento independiente del niño, así como en el juego, la escritura, la comunicación e incluso en su desarrollo emocional y social. A veces, el trastorno puede ser más grave, por lo que estos trastornos se dividen generalmente en trastornos motores graves y trastornos motores leves. Hoy en día, también se habla de trastornos del desarrollo de tipo motor; en este grupo se pueden incluir, por ejemplo, el trastorno del desarrollo de la coordinación o los trastornos de tics.
Trastorno se define como un cambio leve o grave en el funcionamiento de un órgano o sistema; por ejemplo, el sistema nervioso. Por lo tanto, los trastornos motores se definen como alteraciones en el funcionamiento del sistema nervioso, que desempeña un papel en el control de los órganos del cuerpo humano, así como en el movimiento y la postura. Estas alteraciones pueden afectar la coordinación, el tono muscular, el equilibrio, la fuerza o la planificación del movimiento y pueden manifestarse con una intensidad variable.
¿Qué son los Trastornos Motores en la Infancia?
Los trastornos motores infantiles pertenecen al grupo conocido como trastornos del desarrollo. Generalmente aparecen a una edad temprana, a menudo antes de que el niño comience la escuela primaria, y se pueden observar retrasos en las etapas de desarrollo como gateo, caminata o uso de las manos durante los primeros años de vida. Estas dificultades afectan no solo la movilidad, sino también la relación del niño con los demás, su aprendizaje escolar, su juego y su independencia diaria.
Entre los trastornos motores, se pueden encontrar problemas de origen neurológico y orgánico, como la parálisis cerebral o la espina bífida en la infancia, así como cuadros más funcionales o leves, como los tics o ciertas dificultades de coordinación. En las prácticas clínicas actuales, algunos de estos cuadros se dividen en categorías de diagnóstico más específicas:
- Trastorno del Desarrollo de la Coordinación: Los niños con coordinación motora débil suelen caerse con frecuencia y tienen dificultades con habilidades como abotonarse, cortar o escribir; sin daño neurológico o discapacidad intelectual evidente.
- Trastorno de Movimiento Repetitivo: Los movimientos repetitivos sin propósito, como balancearse o golpear, pueden ser autolesivos.
- Trastorno de Tics: El Síndrome de Tourette se manifiesta con movimientos o sonidos involuntarios, incluidos tics permanentes y tics transitorios.
Es muy importante hacer una distinción entre un trastorno motor que se resuelve con la madurez del niño y un trastorno que requiere evaluación y tratamiento por parte de especialistas (pediatra, neurólogo infantil, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, especialista en psicomotricidad, etc.). La detección temprana y la intervención temprana ayudan a reducir el impacto del trastorno en la vida diaria y en el futuro del niño.
Trastornos Motores Graves
Entre los trastornos motores graves, se encuentran patologías de origen neurológico, genético o estructural que causan cambios significativos en el movimiento, la postura y, en muchos casos, en otras áreas del desarrollo. Este tipo de trastornos requiere un seguimiento médico y de rehabilitación continuo y puede afectar significativamente la independencia futura del niño.
- Parálisis Cerebral Infantil: Se produce por un daño orgánico en el cerebro, debido a falta de oxígeno, infecciones en la madre o el feto, o accidentes durante el periodo perinatal o enfermedades metabólicas. Este trastorno se manifiesta con los siguientes síntomas:
– Rigidez y excesiva excitación en brazos y piernas, así como movimientos anormales e involuntarios que dificultan la realización de movimientos finos.
– Desequilibrio, afecta el movimiento y la coordinación motora, lo que puede llevar a que el niño tenga una marcha inestable o dependa de ayudas técnicas.
– Rigidez muscular y contracciones repetitivas de los músculos flexibles y extensores (temblores) pueden aparecer en reposo o al intentar moverse.
– Bajo tono muscular, afecta el control postural y la realización del movimiento, lo que puede hacer que el niño se vea "más blando" de lo normal y tenga dificultades para mantener la cabeza erguida o sentarse sin apoyo.
Dependiendo de los miembros afectados, esta enfermedad se denomina tetraplejia (afecta brazos y piernas), paraplejia (afecta las piernas), hemiplejía (afecta los miembros de un lado del cuerpo) y monoplejía (afecta un solo miembro). Además, los trastornos motores a menudo se presentan junto con dificultades sensoriales, problemas cognitivos, trastornos del lenguaje, trastornos de comportamiento y/o epilepsia; por lo tanto, se requiere un enfoque multidisciplinario y coordinación entre diferentes especialistas.
- Espina Bífida: Malformación de la médula espinal que ocurre debido a la falta de formación completa de los huesos de la columna durante el embarazo, dejando un hueco en la región lumbar. Esta enfermedad se produce por la influencia de factores genéticos y ambientales. Los problemas que puede causar esta enfermedad son los siguientes:
– Pérdida de sensibilidad en la piel debajo de la lesión medular, lo que aumenta el riesgo de lesiones o úlceras sin sensación de dolor.
– Debilidad por debajo del nivel de la lesión, lo que puede causar parálisis de los miembros inferiores y afecta directamente el control de la marcha y la postura.
– La debilidad de los músculos de la vejiga y los intestinos resulta en incontinencia urinaria y fecal, lo que tiene un impacto significativo en la vida diaria y la autoestima del niño.
- Distrofia Muscular Progresiva: Pérdida de fuerza muscular debido a la degeneración de las fibras musculares. Esto afecta primero a los músculos de las piernas y puede extenderse a otros músculos del cuerpo con el tiempo. Esta enfermedad es el resultado de un trastorno genético desconocido o hereditario. El niño puede tener dificultades en actividades como correr, levantarse del suelo o subir escaleras y puede requerir ayuda para caminar o una silla de ruedas con el tiempo.
- Poliomielitis o Parálisis Infantil: Enfermedad infecciosa de origen viral que ataca a las neuronas motoras, dañando las fibras nerviosas de la médula espinal y causando deformidades óseas y parálisis. Aunque la incidencia ha disminuido significativamente en muchos países gracias a la vacunación, sigue siendo importante conocerla en áreas donde la cobertura de vacunación no es completa.
Trastornos Motores Leves y Dificultades Motoras Comunes
Los trastornos motores leves y las dificultades motoras en los niños son mucho más comunes de lo esperado. A menudo, el niño puede pasar desapercibido porque "simplemente" parece más torpe, evita ciertos juegos o se cansa más rápido que otros. Sin embargo, esta situación puede tener un impacto significativo en la independencia, el rendimiento académico (por ejemplo, la escritura) y la autoestima. Dentro de este grupo, hay tanto trastornos de base ortopédica como dificultades de coordinación o patrones de movimiento evidentes.
- Pie Varus o Pie Zambo: Curvatura en forma de media luna en la parte externa de los pies de los bebés, donde la parte delantera se inclina hacia adentro y los dos dedos gordos pueden tocarse. Este trastorno se origina de un problema en la estructura ósea. Esta anomalía generalmente es menor y se corrige espontáneamente; sin embargo, si no se monitorea durante el proceso de desarrollo, puede afectar la movilidad normal del niño.
- Apraxias Motoras: Dificultad para coordinar los movimientos en la realización de actividades motoras. Se caracteriza por una falta de coordinación motora que produce movimientos lentos y torpes. Este trastorno puede ocurrir sin una alteración en el esquema corporal; sin embargo, hay una deficiencia neurológica motora y un retraso en la organización del movimiento, por lo que el niño tiene dificultades para planificar y realizar correctamente las secuencias de acciones.
- Ritmos Motores: Movimientos de balanceo más o menos regulares, repentinos y de amplitud variable de la cabeza (ritmo cefálico), de la cabeza y los ojos (ritmo oculo-cefálico) o de la cabeza y el tronco (ritmo cefalo-corporal). Estos movimientos suelen ocurrir durante la noche y se consideran comunes en muchos niños pequeños, finalizando entre los dos años y medio y los tres. La causa de estos ritmos se interpreta como una expresión emocional destinada a reducir la ansiedad que el niño siente debido a necesidades insatisfechas.
- Tics: Realización de movimientos simples, individuales o combinados, de manera repentina y compulsiva, involuntaria y aparentemente irracional, a intervalos irregulares pero relacionados; representan una acción dirigida a un propósito específico. Estos tics suelen surgir por razones emocionales y una sensibilidad particular del sistema nervioso entre los 6 y 8 años. Algunos ejemplos son:
– Tics Faciales: párpados (parpadeo, abrir los ojos), labios (mímicas), lengua (lamer la lengua), etc.
– Tics Respiratorios: sibilancias, respiración, bostezos, limpieza de garganta repetitiva, etc.
– Tics de Cabeza y Cuello: levantar la cabeza, mover la cabeza, girar la cabeza, etc.
– Tics del Tronco y Miembros: levantar los hombros, movimientos de brazos, manos y dedos (morderse las uñas, rascarse, chasquear los dedos), etc.
En la actualidad, los tics se clasifican en diferentes categorías: Síndrome de Tourette (cuando hay múltiples tics motores que duran más de un año y al menos un tic vocal), trastorno de tics persistentes (motores o vocales, pero no ambos al mismo tiempo, que duran más de un año), trastorno de tics transitorios (motores y/o vocales, que duran menos de un año) y tics no clasificados. Movimientos repetitivos (patrones fijos y rítmicos que generalmente afectan las extremidades, el tronco o todo el cuerpo) no se consideran tics, ya que su naturaleza y causas son diferentes.
Trastorno del Desarrollo de la Coordinación y Otras Dificultades Motoras
Además de esto, muchos niños experimentan lo que se conoce como trastorno del desarrollo de la coordinación o simplemente dificultades en la coordinación motora. Este trastorno generalmente afecta a niños en edad escolar y se manifiesta con torpeza motora evidente; esto no puede explicarse por una enfermedad neurológica identificable o una discapacidad mental.
Estos niños pueden presentar:
- Dificultades en habilidades motoras finas, como sostener correctamente un lápiz, cortar con tijeras, abotonar la ropa o usar utensilios para comer.
- Dificultades en habilidades motoras gruesas, como correr, saltar, lanzar o atrapar una pelota, mantener el equilibrio sobre una pierna o montar en bicicleta.
- Tropezones frecuentes o caídas sin una razón aparente.
- Desaceleración al realizar tareas diarias, lo que puede generar frustración y sentimientos de insuficiencia.
A muy temprana edad, también se pueden observar retrasos en actividades como gatear, caminar, subir escaleras o atarse los zapatos. En estos casos, la intervención temprana (fisioterapia, terapia ocupacional o terapia psicomotora) es importante para aumentar el repertorio de movimientos, la coordinación y la confianza del niño.
Señales de Alerta, Causas y Enfoque Terapéutico
La mayoría de los pediatras participan en la evaluación del desarrollo psicomotor y en la gestión de los trastornos: detección, diagnóstico, información a la familia e intervención. Reconocer las señales de alerta ayuda a determinar cuándo consultar a un especialista:
- Dificultad evidente para sostener o usar correctamente objetos.
- Tropezones y caídas frecuentes sin una razón clara.
- Evitar actividades físicas o juegos que requieren coordinación o esfuerzo motor.
- Dificultades persistentes en temas como vestirse, abotonarse o atarse los zapatos, a pesar de ser apropiadas para su edad.
- Movimientos repetitivos, tics o posturas extrañas que llaman la atención.
Las causas de las dificultades motoras pueden ser muy diversas: factores genéticos, agresiones al sistema nervioso durante el embarazo o el parto, trastornos musculoesqueléticos, retrasos en la maduración neurológica o incluso falta de suficiente estimulación motora en los primeros años. En otros casos, las dificultades motoras pueden aparecer como trastornos motores secundarios asociados a síndromes como el síndrome de Down o trastornos del espectro autista; aquí, la falta de voluntad para explorar el entorno puede limitar la experiencia motora.
Se están utilizando diversos métodos de neurorehabilitación y apoyo para mejorar la calidad de vida de los pequeños:
- Fisioterapia pediátrica, para trabajar el tono muscular, el equilibrio, la marcha y la postura.
- Terapia ocupacional infantil, para desarrollar habilidades de la vida diaria, coordinación mano-ojo y habilidades motoras finas.
- Psicomotricidad, para integrar el movimiento, las emociones y las relaciones con el espacio y los demás.
- Adaptaciones en el entorno (sillas, mesas, herramientas, ayudas técnicas) para facilitar la independencia.
Las familias y educadores también pueden contribuir fomentando juegos como saltar, correr, lanzar y atrapar y apoyando actividades que requieren habilidades manuales, como dibujar, construir o moldear con masa. La comunicación continua con profesionales ayuda a reforzar los ejercicios recomendados en casa y en la escuela.
– Problemas en las primeras semanas de los bebés.
Comprender que los trastornos motores en la infancia pueden variar desde dificultades leves hasta patologías graves ayuda a las familias a buscar ayuda a tiempo, y es importante no subestimar ni exagerar la situación. Un diagnóstico correcto, una intervención bien planificada y apoyo emocional pueden marcar una gran diferencia en la independencia, participación y felicidad del niño a lo largo de su vida.
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