No es fácil definir la violencia obstétrica. A veces, la asociamos solo con el entorno hospitalario y, especialmente, con el momento del parto. Sin embargo, la violencia obstétrica también puede ocurrir durante el embarazo y el período de posparto, a través de prácticas, comentarios o decisiones que violan los derechos de las mujeres y los bebés.

Aunque los casos están disminuyendo, es importante entender esto claramente. Nombrar estas experiencias ayuda a prevenirlas, denunciarlas y sanarlas.

¿Por qué es importante la violencia obstétrica?

En mi opinión, se ha considerado que las mujeres no tienen la capacidad de tomar decisiones propias durante el proceso de embarazo y parto. Durante muchos años, la medicina ha sido muy jerárquica y paternalista: el experto decide, el paciente obedece.

Además, el hecho de que durante el embarazo no solo se deba proteger la salud de la mujer, sino que también se deba garantizar la protección del bebé, a menudo se ha utilizado como una excusa para anular la autonomía de la madre, y cualquier cuestionamiento se ha presentado como un riesgo para el feto.

En el pasado, las mujeres fueron vistas como individuos que debían ser controlados; ha llevado muchos años avanzar hacia la igualdad. La ginecología y la obstetricia, al ser especialidades dirigidas únicamente a mujeres, conllevan una desigualdad profesional/paciente que otras especialidades centradas en hombres han podido evitar en gran medida.

La necesidad de proteger la salud del bebé ha sido tradicionalmente una excelente excusa para mantener la relación de superioridad entre el profesional de la salud y la mujer. Así, se han normalizado comportamientos como no informar, minimizar el dolor, burlarse de los miedos o intervenir sin explicación.

Hoy en día, gracias a numerosos estudios, sabemos que la violencia obstétrica es un problema de salud pública y de derechos humanos. Esto se relaciona con la depresión posparto, el trastorno de estrés postraumático, las dificultades para amamantar y las dificultades para vincularse con el bebé. Además, puede reducir el deseo de tener más hijos y afectar la autoestima de la mujer, la vida de pareja, la vida familiar y la vida laboral.

¿Qué es la violencia obstétrica?

Cuando un embarazo y/o parto se considera de bajo riesgo y el proceso se desarrolla de manera normal, el papel de los profesionales de la salud es apoyar, ayudar y estar preparados para posibles complicaciones. No debemos intervenir a menos que las cosas se compliquen.

La violencia obstétrica se define como cualquier acción que interrumpe el curso natural del proceso de embarazo, parto o posparto y medicaliza innecesariamente este proceso, sin una necesidad real o un consentimiento informado. También incluye maltrato verbal, emocional o discriminación.

Es decir, el Ministerio de Salud y las organizaciones internacionales consideran que no seguir las recomendaciones dadas para el parto normal y el embarazo de bajo riesgo o ignorar la autonomía y los derechos de la mujer, incluso si es un indicador médico, se considera violencia obstétrica.

Las formas más comunes de violencia obstétrica

Entre los comportamientos considerados violencia obstétrica se incluyen:

  • Intervención sistemática sin demostración o aprobación: afeitar rutinariamente a la mujer durante el proceso de parto y realizar enemas; romper la bolsa amniótica sin necesidad; realizar una episiotomía; planificar la inducción del parto sin justificación médica; aplicar maniobras innecesarias como la maniobra de Kristeller (presión en la parte superior del útero).
  • Procedimientos médicos forzados o no informados: exámenes vaginales repetidos por diferentes especialistas, sin explicar la razón; realizar una cesárea sin un indicador claro o presentarla como inevitable; administrar medicamentos (por ejemplo, oxitocina) para acelerar el parto, sin informar sobre los beneficios y riesgos.
  • Trato deshumanizante o degradante: gritar a la mujer durante el parto, burlarse de ella o culparla por su comportamiento (comentarios como "gritas demasiado" o "te quejas mucho, no te estás dilatando lo suficiente"); tratarla como a una niña; ignorar sus preguntas o burlarse de sus miedos y preferencias.
  • Negligencia o falta de atención: ignorar las quejas de dolor o las solicitudes de analgesia; no responder a la llamada de la mujer; menospreciar síntomas importantes durante el embarazo o el posparto (por ejemplo, sangrados, dolores intensos, síntomas emocionales graves).
  • Violación de la privacidad y confidencialidad: compartir información privada frente a personas que no participan en su cuidado; realizar exámenes sin proteger adecuadamente la privacidad física; permitir la entrada y salida constante de especialistas.
  • Separación injustificada del bebé: impedir el contacto piel a piel inmediatamente después del parto cuando la madre y el bebé están sanos; llevarse al recién nacido "por protocolo", sin una emergencia, dificultando la lactancia y el vínculo.
  • Discriminación: menos respeto, más desconfianza o más intervenciones innecesarias debido a la situación socioeconómica, origen, raza, edad o identidad de género.

Investigaciones internacionales estiman que aproximadamente la mitad o más de las mujeres en todo el mundo experimentan este tipo de maltrato o intervenciones no consensuadas durante el período de maternidad. Esto demuestra que no son solo casos aislados, sino un problema estructural en nuestra forma de entender y organizar los servicios de parto.

Es importante señalar que no toda intervención médica es violencia obstétrica. En algunos casos, puede ser necesario modificar el plan de parto o agregar o cambiar procedimientos para garantizar la seguridad de la madre y el bebé. La diferencia radica en la existencia de una justificación médica clara y un verdadero consentimiento informado junto con una comunicación respetuosa y honesta.

¿Estamos bajo Protección Legal?

En España, existen diferentes leyes para proteger a los pacientes. La más completa es la Ley de Autonomía del Paciente, que establece claramente que el paciente debe elegir su tratamiento cuando está bien informado. Es obligatorio que el profesional de salud proporcione información correcta, clara y comprensible para que este derecho pueda ser ejercido.

Esta regulación establece que cualquier acción en el ámbito de la salud requiere consentimiento informado; esto generalmente se otorga de forma verbal, pero si la intervención conlleva un riesgo significativo, debe solicitarse por escrito. La ley también protege el derecho a la privacidad, confidencialidad y trato digno.

En los últimos años, se han fortalecido otras regulaciones sobre salud sexual y reproductiva y parto respetuoso; estas leyes obligan a los servicios de salud a recopilar datos sobre prácticas obstétricas, capacitar al personal sobre los derechos de las mujeres y desarrollar protocolos para reducir intervenciones no basadas en evidencia y garantizar el consentimiento informado.

Organizaciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud y comités de las Naciones Unidas, consideran la violencia obstétrica una forma de discriminación contra las mujeres. Han instado a los estados a proporcionar un servicio que respete la dignidad humana, la autonomía y la seguridad física y emocional durante el parto.

¿Qué Está Sucediendo en el Ámbito Obstétrico?

Aunque se ha hablado de la necesidad de realizar cambios desde hace tiempo, en los últimos años se ha tomado conciencia real de la magnitud del problema. La disminución de las tasas de mortalidad materna y neonatal ha ofrecido más oportunidades de evaluación y ha hecho posible evaluar también la calidad de la experiencia de embarazo y parto de la mujer.

En España, la Ley de Autonomía del Paciente (aprobada en 2002) ha abierto un camino importante para el reconocimiento de los derechos de los individuos. Posteriormente, el Ministerio de Salud elaboró documentos importantes como la "Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud" en 2008 y la "Guía de Práctica Clínica sobre Atención al Parto Normal" en 2010. Estos documentos tienen como objetivo prevenir el abuso de ciertas técnicas y prácticas y recuperar la calidad fisiológica perdida en los partos.

Estos documentos incluyen recomendaciones basadas en la mejor evidencia disponible, como limitar las prácticas rutinarias de episiotomía, evitar el enema y el afeitado sistemáticos, fomentar el movimiento y las posiciones libres, apoyar el contacto temprano con la piel y la lactancia a demanda; además, permiten la presencia de un acompañante elegido por la mujer.

La elaboración de un plan de parto por parte del Ministerio de Salud ha sido un gran reconocimiento del derecho de la mujer a tomar decisiones durante el parto y el periodo de posparto. Este modelo oficial permite dejar por escrito las preferencias sobre temas como el acompañamiento, la analgesia, las posiciones y el contacto con el bebé. Si desea revisarlo, haga clic aquí.

Aun así, la aplicación real de estas recomendaciones es desigual según el hospital y la comunidad autónoma. Algunos hospitales han avanzado mucho en el parto respetado, mientras que en otros todavía prevalecen antiguos protocolos con altas tasas de intervención. Por lo tanto, es extremadamente importante que las mujeres conozcan este marco y puedan exigir un trato acorde a sus derechos.

¿Cómo Puedo Prevenir Esta Situación?

La violencia obstétrica nunca es responsabilidad de la mujer, pero hay herramientas que pueden ayudar a reducir los riesgos y aumentar su sensación de control y seguridad durante el embarazo, el parto y el posparto.

Infórmese y Elija el Lugar donde Va a Dar a Luz

Casi todos los hospitales, especialmente en las grandes ciudades, organizan visitas guiadas o reuniones informativas para conocer los protocolos y las instalaciones de atención al parto. Si tiene la oportunidad, infórmese y visite algunos. Así podrá decidir cuál hospital se adapta mejor a sus expectativas.

Algunas preguntas que pueden ser útiles son: tasas de cesárea y episiotomía, si siempre se permite la presencia de un acompañante, si se realiza contacto con la piel después de una cesárea, si se permite moverse durante el parto o cómo se proporciona el manejo del dolor y la analgesia.

Plan de Parto y Sus Derechos como Paciente

Infórmese si el hospital tiene su propio plan de parto. Si no lo tiene, puede utilizar el plan de parto del Ministerio de Salud. Este documento no solo es una carta de deseos, sino también una herramienta legal: recoge sus preferencias y guía al equipo de salud.

Recuerde que tiene derecho a dar su consentimiento informado. Ninguna intervención (ni la ruptura de la bolsa, ni la maniobra de Hamilton, ni una inducción sin necesidad, ni una episiotomía rutinaria) puede realizarse sin que se le expliquen los riesgos, beneficios y alternativas, y sin obtener su consentimiento explícito; salvo en situaciones de emergencia.

Comunicación con el Equipo de Salud

En el momento del parto, hable con el equipo que trabaja con la enfermera. Exprese claramente sus deseos y pida que le expliquen el protocolo y el proceso a seguir. Puede llevar su plan de parto por escrito y mencionarlo brevemente al momento de la admisión en el hospital.

No se trata de rechazar todas las intervenciones; pida que le expliquen por qué y para qué se aplica cada técnica, qué podría suceder si se espera un poco más o qué pasaría si se prefiere otra opción. Este diálogo es parte de su derecho a decidir.

Si es posible, asista a las visitas prenatales y al parto con una persona de confianza (pareja, familia, amigo, doula). Esta persona puede ayudarle a recordar la información, brindarle apoyo emocional y expresar sus necesidades.

Preparación Emocional y Educación Materna

La información es el escudo más poderoso para las futuras madres. Asistir a clases de preparación para el parto o a educación maternal ayuda a comprender los procesos fisiológicos y los derechos legales, y le permite entender lo que está sucediendo en su cuerpo, ayudándole a identificar cuando algo no va bien.

En estas sesiones se abordan temas como las prácticas clínicas adecuadas en el parto, el manejo del dolor, la lactancia, el posparto y las señales de alarma físicas y emocionales. Generalmente se llevan a cabo en centros de salud y están abiertas a todas las mujeres, independientemente del tipo de seguro.

Gracias a estas iniciativas, las mujeres pueden darse cuenta de cuáles son los cuidados y servicios más adecuados durante el parto y ajustar mejor sus expectativas a la realidad. Un plan de parto realista basado en información de calidad empodera a la mujer y la convierte en una participante activa en este proceso.

Cuando Hay Verdaderas Emergencias

En una verdadera emergencia, puede que no haya tiempo para esperar su decisión y que el profesional de la salud necesite actuar rápidamente para salvar su vida o la de su bebé. Incluso en tales situaciones, explicar lo que está sucediendo de manera simple y honesta (“estás perdiendo mucha sangre, necesitamos intervenir ahora”) puede marcar una gran diferencia en cómo experimenta esa situación.

Si ha experimentado malos tratos, falta de información o procedimientos que no entendía después del parto, se recomienda solicitar una copia de su historial médico y, si es necesario, acudir a asociaciones especializadas o a expertos en salud mental perinatal para revisar lo sucedido y obtener apoyo.

Vivir el embarazo y el parto con respeto, apoyo y buena información no solo mejora los resultados físicos, sino que también protege su salud emocional, su vínculo con su bebé y su confianza como madre. Conocer qué es la violencia obstétrica, sus derechos y las herramientas que tiene a su disposición es un paso importante hacia maternidades más libres, seguras y felices.