Según la Asociación Española de Servicios de Pediatría de Urgencias, los episodios de hipo (a veces se describe al bebé como ‘congelado’) son “eventos que ocurren tras un susto, caída, golpe o regaño. El bebé deja de respirar repentinamente y se pone morado o pálido, y finalmente suele comenzar a llorar. La recuperación es completa y rápida, ocurre en menos de un minuto, aunque puede estar un poco somnoliento.” Mi hija experimentó esto 3 o 4 veces cuando era bebé y, si no sabes lo que está pasando, realmente es aterrador porque piensas que el bebé se está ahogando y sientes la responsabilidad de revertir la situación.

Generalmente se observa en bebés sanos (aproximadamente) desde los seis meses hasta los seis años, pero a partir de los 4/5 años es probable que hayan superado esta situación; algunas fuentes indican que entre el 5 y el 7 por ciento de los niños en este grupo de edad experimentan este fenómeno. Para ampliar un poco la información, aunque se trata de un evento repentino, no es un episodio epiléptico y no conlleva riesgos significativos para la salud, el bebé afectado recupera la conciencia y la respiración en cuestión de segundos.

Una opinión común sobre la intención de este fenómeno es que los niños no lo hacen deliberadamente; de hecho, estamos tratando con individuos muy pequeños, con un cerebro aún inmaduro, y en cada caso pierden el control para expresar sus emociones. No olvidemos que les queda aún mucho tiempo para perder su inocencia, en resumen: la idea de que quieren molestarnos es bastante dudosa.

Entendiendo el Episodio de Hipo

La causa de este fenómeno puede ser experimentar una tristeza o “miedo”; por ejemplo, ser regañado por la madre o el padre o ser molestado por un hermano mayor. Con una observación cuidadosa, podemos predecir la aparición del episodio de hipo, acercándonos al bebé, hablándole suavemente, e incluso (si aún no ha comenzado) abrazándolo… Sin embargo, estos eventos comienzan y terminan, nadie (o al menos yo lo pienso así) quiere ver a su bebé comenzar a llorar fuertemente, ponerse rojo y luego morado, e incluso dejar de respirar.

Desde el punto de vista médico, los episodios de hipo son una respuesta refleja del organismo a una emoción muy intensa. Generalmente ocurren tras ira, frustración, miedo, dolor o una caída. Esta situación no es un “truco” ni un comportamiento voluntario, es el resultado de cómo reacciona un sistema nervioso aún inmaduro. Por lo tanto, se consideran eventos inofensivos y autolimitados que desaparecen sin dejar un efecto duradero a medida que el niño crece.

Se observa que en muchos niños, los hipo tienden a repetirse en situaciones similares: rabietas, discusiones de límites, golpes inesperados, inyecciones de vacunas o momentos aterradores. Además, el historial familiar también es bastante común; es decir, se ha observado que uno de los padres o hermanos ha experimentado eventos similares en la infancia, lo que sugiere que podría haber un componente hereditario.

Se describen dos tipos de episodios de hipo: pálido (palidez facial) y azul (cianosis); en ambos se observa apnea y pérdida de conciencia (puede durar hasta un minuto, lo que es bastante largo para quienes no lo conocen). En casos graves también pueden ocurrir convulsiones, pero estas no dejan ningún daño: ¡pero cuidado! Una convulsión que dure más de 60 minutos debe ser evaluada por un pediatra, incluso si ha terminado. Además, los expertos suelen señalar que cualquier convulsión que dure más de un minuto debe ser evaluada de inmediato y que cualquier convulsión prolongada requiere intervención médica urgente.

Los expertos explican que tanto en los episodios de hipo azules como pálidos, el niño puede desmayarse por un tiempo determinado. Observar esta situación puede ser bastante impactante, pero el evento generalmente dura menos de un minuto y el niño se recupera por sí mismo. En algunos casos, se ha observado que la anemia por deficiencia de hierro está relacionada; cuando el pediatra detecta y corrige esta deficiencia, la frecuencia de los episodios de hipo puede disminuir, aunque no siempre hay tal relación.

Tipos de Crisis de Hipo y Cómo Reconocerlas

Los expertos definen dos tipos principales de crisis de hipo y sería útil describirlas con más claridad:

  1. Crisis de hipo azul
    Generalmente ocurre después de un llanto intenso, una gran ira, una importante frustración o un miedo. La secuencia típica es la siguiente:
    • El niño llora fuertemente y de repente deja de respirar.
    • Su rostro se vuelve morado o azul (cianosis), a veces también sus labios.
    • Puede ponerse un poco rígido y a veces puede desmayarse por un tiempo determinado.
    • Después de este breve episodio, recupera la respiración y comienza a llorar o permanece somnoliento por un tiempo.

    Este tipo de crisis de hipo está muy relacionado con emociones intensas como la ira o la frustración.

  2. Crisis de hipo pálido
    Es menos común y generalmente está asociada con un miedo o dolor repentino (por ejemplo, un golpe fuerte o una caída inesperada). Generalmente se desarrolla de la siguiente manera:
    • Pueden ser un pequeño gemido o un llanto breve, o puede que no llore en absoluto.
    • De repente, el niño deja de respirar.
    • Su rostro y cuerpo se vuelven muy pálidos, como si “hubiera perdido sangre”.
    • Puede experimentar un estado de inconsciencia por un tiempo y su cuerpo permanece flácido.
    • Después, sin recordar lo que sucedió, recupera la conciencia espontáneamente.

En ambos tipos, algunos niños pueden experimentar movimientos breves similares a convulsiones (temblores en brazos o piernas). Estos movimientos, cuando duran solo unos segundos y ocurren junto con la típica crisis de hipo, no se asocian con epilepsia o daño cerebral. Sin embargo, si la crisis se prolonga o no coincide con la secuencia clásica, es importante consultar a un pediatra.

Las crisis de hipo se observan en niños sanos de entre 6 meses y 6 años y aparecen con mayor frecuencia entre los 6 y 18 meses, disminuyendo gradualmente a medida que el sistema nervioso madura. Es raro que se presenten en la etapa neonatal, pero los casos muy tempranos pueden seguir un curso benigno similar; por lo tanto, los pediatras evalúan estos episodios mediante un examen clínico y pruebas adicionales si es necesario para diferenciarlos de otras patologías graves.

No Hagas Esto Durante una Crisis de Hipo

  • No pierdas la calma, grites o llames al bebé.
  • No lo balancees ni lo sacudas.
  • No le metas los dedos en la boca, ya que no hay riesgo de asfixia.
  • No intentes detenerlo una vez que el episodio ha comenzado.
  • Manténlo alejado de objetos que puedan golpearlo o lastimarlo.

Además de esto, los expertos enfatizan que si la crisis de hipo sigue un patrón típico y el niño se recupera espontáneamente en unos segundos, no se deben realizar maniobras de reanimación (boca a boca). Este tipo de intervenciones puede aumentar la ansiedad en el entorno y a veces dificultar la observación tranquila del episodio.

Teniendo en cuenta la edad, yo tampoco regañaría a un niño de esa edad (según mi experiencia), pero hay muchos consejos que circulan sobre que los bebés “se expresan”; claramente, creo que nos falta paciencia para que maduren y gestionen sus emociones de otra manera. Definitivamente, gritar descontroladamente ante lo que sucede y luego regañar, me parece que muestra más la inmadurez del adulto que del bebé.

Los pediatras también recomiendan no ceder sistemáticamente a todos los ataques de ira por miedo a que surjan crisis de hipo. Es comprensible que los padres quieran evitar a toda costa revivir un evento tan impactante, pero ceder siempre por miedo puede dificultar establecer límites claros y consistentes, lo cual es fundamental para el desarrollo emocional del niño. Es importante mantener una disciplina respetuosa, recordando con amor y calma que la crisis de hipo no es voluntaria y que el niño no tiene control sobre ella.

Mi bebé tuvo una crisis de hipo, ¿qué debo hacer?

Puede resolver las preguntas que tenga hablando con un pediatra, pero recuerde que “no se curan”; teóricamente no se pueden prevenir, pero en la práctica algunos síntomas nos dan la oportunidad de prever, además (y esto es importante) la crisis de hipo generalmente ocurre con más frecuencia por la tarde, cuando el bebé está cansado, por lo que una solución es crear un entorno que lo pueda afectar.

Si su hijo está teniendo una crisis de hipo en ese momento, las recomendaciones generales de los expertos son las siguientes:

  • Mantenerlo en posición horizontal, preferiblemente en una superficie segura (en la cuna, en un sofá amplio, en el suelo con una manta) para reducir el riesgo de caídas.
  • Retirar objetos duros o afilados a su alrededor, para evitar que se lastime.
  • Observar su respiración y el color de su piel, mantenerse tranquilo y recordar que en la mayoría de los casos volverá a respirar por sí solo en unos segundos.
  • Si se desmayó, puede revisar suavemente su boca para ver si hay un objeto que pueda representar un riesgo de asfixia, pero en una crisis de hipo típica esto generalmente no ocurre.

Recuerde que, aunque sea un bebé, puede hablarle suavemente y decirle que lo ayudará a superar estos eventos. Si el niño tiene menos de 5 meses o está teniendo convulsiones (y especialmente si esta convulsión dura más de un minuto), consulte a un médico. También se recomienda consultar urgentemente en las siguientes situaciones:

  • Si el evento dura más de unos minutos y no hay una mejora clara.
  • Si el niño no regresa a su estado normal después del evento o permanece muy agitado.
  • Si el evento no está relacionado con un llanto, miedo, golpe o una emoción intensa, es decir, si ocurre sin un desencadenante claro.
  • Si observa movimientos anormales prolongados de brazos y piernas, esto sugiere que está teniendo un tipo diferente de convulsión.

El pediatra evaluará la historia médica durante el examen y, si lo considera necesario, puede solicitar pruebas para descartar anemia por deficiencia de hierro u otras causas que podrían aumentar los episodios de hipo. En casos muy inusuales o complejos, se podría considerar realizar pruebas adicionales o un seguimiento por parte de un neurólogo pediátrico, pero esto es inusual en casos típicos.

El orden es el siguiente: apnea + cambio en el color de la cara + llanto, luego todo vuelve a la normalidad; si su hijo está teniendo una crisis de hipo, no hay motivo para preocuparse demasiado, pero entender (y quizás prevenir) esta situación es beneficioso para la tranquilidad de todos. Yo también hice eso.

Las cosas que parecen ayudar a reducir la frecuencia de los eventos son las siguientes:

  • Asegurarse de que el niño no esté demasiado cansado o hambriento, ya que el cansancio y el hambre aumentan los ataques de ira y el llanto.
  • Establecer rutinas regulares de sueño y alimentación, lo que apoya su estabilidad emocional.
  • Cuando sea necesario establecer límites o reprender, hacerlo con un tono de voz calmado, sin gritar ni amenazar.
  • No dramatizar en exceso el evento frente al niño, para no crear miedo adicional o asociar la crisis de hipo con una gran atención.

En familias que experimentan las crisis de hipo con mucha ansiedad, hablar con un profesional de salud mental (psicólogo infantil o psiquiatra) puede ser útil para manejar sus emociones y acompañar mejor a su hijo en estas situaciones.

La información clara, el apoyo profesional cuando sea necesario y mucha tranquilidad harán que estos eventos queden como un anécdota muy impactante pero temporal en la historia de su hijo, sin afectar su salud o desarrollo neurológico.